Desplazamientos
De Virginia Higa y su Hechizo de verano, de dos tipos de infancias, de la serie Task de Brad Ingelsby y de la escritura híbrida de acuerdo a Santiago Loza escribe Juanma en este Nius
Desde el fondo de la sima #43
1-Ese movimiento que impulsa la escritura.
Si viajar a otro lugar por un lapso breve de tiempo -de visita- es una forma de convertirse en otro, vivir en un lugar extranjero es descubrir dimensiones de uno mismo que antes no conocíamos y es, además, aprender a nombrar las cosas por primera vez, como un niño en sus primeros años de vida, descubriendo los sonidos que habitan el mundo o inventándolos.
Virginia Higa, en El hechizo del verano, narra su tiempo en Estocolmo, donde vive desde hace unos años junto a su pareja y su hijo.
Con una prosa luminosa y precisa, transforma lo cotidiano en materia de asombro y revelación. Su escritura combina humor, inteligencia y una sensibilidad capaz de detectar belleza en los detalles, en las sutilezas, en los gestos mínimos.
La autora argentina observa con una mezcla de extrañeza y ternura el mundo que la rodea. Lo que podría ser un simple registro de vida se convierte en una exploración sobre la pertenencia, la hospitalidad y los modos de habitar un territorio extranjero.
Higa construye un libro en torno al desarraigo y la adaptación, pero también formula una invitación a mirar con otros ojos, a escuchar los matices del mundo y a redescubrir, en la escritura, el hechizo de lo cotidiano.
Hay quienes son naturalmente buenos anfitriones y otros que son buenos huéspedes. Yo siempre pensé que era mejor huésped que anfitriona, y por eso también me sentía más a gusto siendo lectora que escritora, aunque vivir en esta ciudad y recibir a tanta gente en mi casa me hizo cambiar de opinión. Descubrí que también puedo ser buena anfitriona y que, tanto en la vida como en la literatura, me interesa todo lo que tiene que ver con la hospitalidad
2-Niños observadores y niños movedizos
Si clasificáramos a los niños en solo dos especies, de un lado estarían los predominantemente observadores y, del otro lado, los amigos de la acción; aunque también se podría decir que de un lado estarían los niños más conectados con el adentro y, del otro, los que se desenvuelven con mayor naturalidad en el afuera.
Pienso que mi sobrina integraría la primera especie, pero al rato me contradigo: es activa, conversa con los chicos de las plazas, inventa historias en voz alta y canta a los gritos la canción de la vaca Lola. Probablemente, cuando crezca, me dirá que el mundo no necesita de más etiquetas y que no es tan tajante la división entre adentro y afuera.
También pienso en mi propia infancia, en ese nene que no paraba de correr y transpirar y que siempre andaba algo pasado de rosca. ¿Dónde quedó esa vehemencia y arrojo en el afuera? ¿Cuál fue el punto de corte? ¿La adolescencia?
3-Patrones de elección
Con los años, dejé de elegir películas solo en función de las actrices y actores que me gustaban y empecé a seguirle el rastro, también, a ciertos directores o guionistas.
Así fue que cuando me enteré de que Brad Ingelsby había creado la serie “Task: Unidad Especial”, no dudé en buscarla en HBO y verla. A Ingelsby lo conocí por la miniserie Mare of Eastown, estrenada en 2021 y protagonizada por la gran Kate Winslet.
En los dos casos hay historias con tramas consistentes -los traumas familiares forman parte del eje vertebral-, donde el género policial es el telón de fondo que utiliza Ingelsby para ir al lugar que más le interesa: entregarnos personajes con buenos arcos dramáticos, ambiguos, con esos matices que tanto me gustan descubrir en la literatura, o en el cine.
Si en Mare of Eastown el manejo de la intriga y el misterio es lo que hace avanzar la historia, en Task se trata de cómo se despliega la tensión en el juego del gato y el ratón entre perseguidor y perseguido (el mismo Ingelsby dice en una entrevista que “Fuego contra fuego”, del director Michael Mann y con las actuaciones de Robert De Niro y Al Pacino, resultó una gran influencia).
Tan cierto es que lo de Mark Ruffalo es de otra dimensión como que Tom Pelphrey es un actor magnético y excepcional (ya había tenido esa misma impresión cuando lo descubrí en Ozark).
4-Escrituras híbridas y provisorias
Cada vez estoy más interesado por los lenguajes híbridos, esos que escapan cualquier intento por encorsetarlos en un género. Esos lenguajes que abrevan de distintas fuentes y consiguen amasar un registro propio, singular, intransferible.
Dice Santiago Loza en Nadadores lentos:
Escribir es tomar el lugar del otro, habitarlo, atravesarlo sin juzgar. Escribir es también comenzar a escribir. Hablamos de comienzos, la pregunta que se repite, ¿de dónde sale lo que se ha escrito?, esa pregunta equivocada puede mutar en por qué y para quién estoy por escribir.
Saber que todo va a desaparecer debería producirme un gran alivio, pero no. El cuerpo, la materia, la mente, esa fiera traicionera, se resisten. Se agarran y rasguñan el presente. Y reaparece la escritura intentando salvatajes. Una escritura del estertor. Una escritura efímera que debería trascender. Una escritura provisoria. Escribir para dejar las últimas señales
Juanma




